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12 sep La cultura en la construcción de IdentidadPosted by: Laura | Under: Artículos 1º Informe de avance de la investigación: “La cotidiana en la Ciudad de la Costa” La cultura en la construcción de identidad… “Pensar es experimentar, pero la experimentación es siempre lo que se está haciendo: lo nuevo, lo destacable, lo interesante, que sustituyen a la apariencia de verdad y que son más exigentes que ella.” El objetivo de este trabajo es pensar a partir de la pregunta: ¿Qué significa el sentimiento de identidad en los habitantes de la Ciudad de la Costa y cómo incide en su calidad de vida? , cómo impacta la cultura en el modo de vincularse que hace a la construcción de una identidad local, desde la mirada de la Antropología Cultural. Esto implica además, pensar en lo producido en ese encuentro desde mi “doble” implicancia: observador (etic) y miembro de la comunidad (emic). Allá y entonces, la zona estaba dotada de una organización institucional con funciones sociales acorde al número de pobladores. Sin embargo, el crecimiento poblacional no fue acompañado por un adecuado desarrollo en la infraestructura de servicios, gran parte de la ciudad carece de saneamiento, presenta dificultades en el alumbrado y caminería pública. Los recursos sociales – recreativos y asistenciales específicos son escasos; aunque hay un gran número de organizaciones socio culturales y centros de asistencia en salud (policlínicas barriales) ubicados en distintos puntos de la zona que intentan cubrir las demandas. década del 80: la concepción de “vecino”; en los años de dictadura (hasta el 85) emigraron familias en busca del anonimato, trabajo, tranquilidad; la zona comienza a transformarse en una opción viable para establecerse, ya que las propiedades eran de bajo costo en relación a Montevideo y a la vez próxima a la misma. Después del 85, explosión demográfica, con búsqueda de mejor calidad de vida; tranquilidad respecto a la vorágine de actividad política de la capital. En las zonas verdes, se asientan familias montevideanas que quedan excluidas del sistema laboral (desocupados o sub empleados) y comienzan a residir paulatinamente habitantes del interior del país en busca de trabajo y vivienda. década del 2000: emigración masiva de familias que residen fundamentalmente al sur (Gianattassio al sur) quedando viviendas vacías que son ocupadas por “intrusos”. Se instalan centros de estudios (magisterio; profesorado; UTU tecnológico) que promueven estudiar e insertarse laboralmente en la zona sin necesidad de trasladarse a Montevideo. Tras la crisis del 2002 muchos fueron los esfuerzos de las autoridades, grupos y organizaciones locales para apostar a la construcción de una identidad local. Múltiples encuentros promovidos por Instituciones de Salud, Educativas, Deportivas, Culturales entre otras, multiplicaron sus esfuerzos por construir espacios de encuentro de producción local, tal vez apelando a esta concepción del “vecino”. Convocando al encuentro con historias, preocupaciones comunes, invitando a salir del “detrás de las rejas” para acercarse a “poner en palabras” y reinscribir una dinámica de “barrio” y de “vecino” . hoy… se multiplican y diversifican los cambios… saneamiento, terminales de ómnibus, doble vía en la Rambla, construcción del Centro Cívico en Gianattassio, Proyecto de construcción en el Parque Nacional Roosevelt de un Centro Polifuncional… entre otras… “Esos acontecimientos y actividades reales constituyen el aspecto conductual de la cultura.” (Marvin, H. 1990. pág. 27) El desafío es reflexionar entre lo latente y lo manifiesto de lo socialmente transmitido y aprendido para habilitar el dialogo que promueva otras formas de ser, estar y hacer entre los vecinos de la zona. ¿Cómo integrar esta diversidad de acontecimientos en la identidad local? La crisis del 2002 trajo aparejado otras reglas de juego en lo local: desconfianza y peligro potencial “…nosotros ya no salimos de casa por el miedo que nos roben… no alcanzan las rejas, los perros, la alarma…” (mujer, 65 años). Mientras que, las políticas públicas de los últimos años implican cambios respecto a que “…la zona está cada vez más linda, el Centro Cívico es una pegada porque tendremos un shopping, cine y movida, ya no nos vamos a mover de acá… era lo que faltaba…” (hombre, 21 años). LA COTIDIANA EN LA CIUDAD DE LA COSTA… “Siempre bello, hermoso, leyendo, pintando, dibujando, mirando a través de la ventana la naturaleza y disfrutando del jardín…. Con mi música, mi lectura, mis amigos, mis hijos, mis nietos, la familia…” (hombre, 75 años) A esta experiencia, el propio colectivo le otorga un sentido porque “Una sociedad es un grupo de personas que comparten un hábitat común y que dependen unos de otros para su supervivencia y bienestar.” (Marvin, H.1990, pág. 21). En la Ciudad de la Costa es donde cada uno de los habitantes se reconoce y define en el aquí y ahora, y es también el lugar de la identidad en la filiación histórica compartida desde la experiencia y el discurso. Una interrogante más… acá, se narra el devenir… o simplemente suceden cosas… cambios, a los que se van acomodando… El apego al lugar hace al proceso de identidad con el lugar donde se vive, se satisfacen necesidades comunes, se generan actividades para alcanzarlas, se comparten y disfrutan los logros. Sin embargo, hoy la fantasía de que “todo tiempo pasado fue mejor” es una constante, se está perdiendo el sentimiento de “buen vecino solidario”, del “nosotros” colectivo se está pasando al “yo” personal. Si el lugar simboliza el encuentro con otro/os, la relación de cada uno consigo mismo, con los demás y con una historia compartida promueve la identidad que requiere de valores de grupos aceptados y compartidos desde la individualidad en el ir siendo/haciendo con otros. Es en esta interacción que se construye la identidad social con la que se adapta e interpreta el entorno… “…recién llegado al balneario iba todos los días a trabajar a Montevideo en ómnibus que pasaba a determinadas horas y si lo perdías había que esperar horas. Un día llovía mucho y vi que venía el ómnibus y empecé a correr para alcanzarlo, llovía hacía horas y sin darme cuenta dónde terminaba la calle, de repente no sentí el piso y me caí, era una cuneta y no podía salir, entonces empecé a “nadar” y me costó mucho dar pie…. Volví a mi casa a bañarme y bueno de ahí en más los días de lluvia salía con más tiempo para “ver” por dónde caminaba… hoy sigue pasando lo mismo… los pozos son un hecho… ” (hombre, 70 años) Desde el inicio de la vida, el ser humano nace y pertenece a un vínculo, lo construye y es constituyente de su subjetividad. En el devenir, “la obligación” de pertenecer implica la “obligación” de elegir el modo de hacerlo. Realidad dinámica que conlleva a modificaciones a lo largo de la vida, y se deben a las diferentes inserciones que se establecen con el entorno social. Así, se va generando un estilo idiosincrático de experiencia intersubjetiva como resultado de la presión social que aporta formas de pertenecer establecidas por las instituciones que las rigen (familia; educación; trabajo) además de la presión pulsional por la puesta en juego de aspectos intrasubjetivos. Estos procesos impactan en los modos de subjetivación individual y repercuten en la forma de relacionamiento con el contexto. Y el vínculo aparece como vector para pensar los procesos intersubjetivos, se “sabe del otro” y el “otro sabe de mi”, elemento protector al tiempo que discrimina dimensiones de ese saber-conocer porque adquiere formas de información, control e intercambio. Es en este ser/hacer que el yo desde el espacio intrasubjetivo se combina con el espacio intersubjetivo para devenir con los otros y promover la inscripción de pactos y acuerdos inconscientes que promuevan el vínculo social. Cada sujeto necesita articular vivencias, valores, códigos y normas de su estructura de origen (familia) con lo socialmente instituido por el macrocontexto-cultura en el que está inserto, trascendiéndolo permanentemente. La identidad hace a lo inter cambiable… de lo in cambiable del sujeto; pero no hay identidad sin alteridad, sin modelos impuestos por la cultura. El yo en el entramado subjetivo se recorta sobre el telón de fondo del otro…. La confianza, donde se juega la temporalidad y proximidad, es necesaria para el desarrollo de múltiples procesos emocionales e intelectuales que promueven la subjetividad y ayuda a percibir a los otros como confiables o enemigos potenciales. La crisis económica, las masivas “mudanzas”, los cambios de vecinos, la llegada de instituciones (BPS; BHU; entre otros) las construcciones (residencias; asentamientos) y las mega construcciones, han promovido modificaciones en el modo de relacionarse, afectando las relaciones estables y permanentes. Aparecen con fuerza el sentimiento de desarraigo y desconfianza que promueven sentimientos de temor y daño, provocando permanentes estados de alerta tanto en los residentes como en los “recién llegados”. Por eso, se hace necesario pensar en la calidad de vida de los habitantes desde las relaciones interpersonales expansivas, desde el tejido social y el espacio público que moviliza y reúne; y produce subjetividad en el permanente interjuego entre factores personales, relacionales y colectivos. “Cada barrio tiene sus propias características, en algunos existe un grupo que ejerce cierto liderazgo, no sin conflictos, donde hay líderes hay oposición. La vida social es más o menos intensa pero con altibajos en el tiempo; en barrios donde hubo una agrupación como Comisión Fomento o Club Deportivo y no fueron capaces de realizar una transferencia generacional hoy se encuentran más disgregados. En otros, surgen nuevos liderazgos y movimientos barriales capaces de promover actividades culturales, sociales, etc… (hombre, 30 años) “Hace poco estaba de paso con mi hijo de ocho años en Montevideo, iba por 8 de Octubre y me dice “pobre la gente de Montevideo”. Le pregunté por qué decía eso y me contesta “¿no ves cómo viven?” (hombre, 44 años) Hoy asistimos y formamos parte de la crisis de identidad que hace a los sujetos y a los grupos, los vínculos son inestables y los referentes institucionales hasta ayer reaseguradores (Familia; Escuela; Estado) hoy se desfondan. Enfrentamos “una conmoción” respecto a los valores, normas, certezas y una redefinición de la temporalidad en la subjetividad que dificulta a los adultos posicionarse como modelo referente de los jóvenes. La Ciudad de la Costa no está exenta de esto y corre el riesgo de provocar “La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vincula la experiencia contemporánea del individuo con las de las generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños… los jóvenes… crecen en una suerte de presente permanente, sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo que viven.” (Hobsbawm, E.; 1995) En la sociedad actual – dual – de ganadores y perdedores, de integrados y excluidos, la lucha por ocupar un lugar en la dinámica social genera también individuos simbólicamente desligados de lo social y de la herencia de un capital cultural, familiar, relacional y afectiva. Es que el quiebre con la identidad – de grupo referente, continente – corre el riesgo de “fabricar” a “otro negativo” a destruir/excluir… acá hay familias que llevan 3 generaciones de desocupados y otras que nacieron, crecieron, estudiaron y que hoy trabajan y residen en la zona … “…nosotros armamos esto que ahora se llama asentamiento… pero esto era un barrio como cualquiera del balneario, solo que queda al norte… todos trabajábamos… hoy somos mal vistos…” (hombre, 55 años) “…cuando nos vinimos a Montevideo el sueldo de empleado público no nos daba para un alquiler por eso nos vinimos acá y construimos la casa, al norte porque era lo que podíamos… muchos de los vecinos son del interior pero todos con familia y trabajábamos…” (mujer, 61 años) Augé plantea que: “Esta simbolización del espacio constituye para quienes nacen en una sociedad dada un a priori partiendo del cual se construye la experiencia de todos y se forma la personalidad de cada uno: en este sentido, esa simbolización es a la vez una matriz intelectual, una constitución social, una herencia y la condición primera de toda historia, individual o colectiva. En términos más generales, forma parte de la necesidad de lo simbólico que ha señalado Lévi-Strauss y que se traduce mediante un ordenamiento del mundo del cual el orden social (las relaciones instituidas entre las gentes) es sólo un aspecto.” (Augé, M. 1998, pág. 16) Emerge un mundo con una compleja realidad a comprender e integrar tanto en lo individual como en lo colectivo. Esta realidad es además, atravesada por un “discurso oficial” reforzado por los medios de comunicación que contraponen escenarios… convivimos entre el descrédito y la idealización… y las certezas tan necesarias para la vincularidad! El lenguaje juega un papel fundamental ya que es constitutivo del simbolismo social. Surge ambiguo en su cualidad de “doble negación”: la verdad no es “ni buena ni mala” sino que está en una “…esfera diferente de las identidades de clase. Ese lenguaje relativiza la significación y presenta las cuestiones desde el punto de vista de la implicación, la influencia y la relación. Mientras el lenguaje sociopolítico de la identidad establece las relaciones entre un individuo y las diversas colectividades de que él forma o no parte, el lenguaje psicofilosófico de la alteridad presenta la cuestión de la relación entre las personas o, más ampliamente, de la relación entre lo mismo y lo otro.” (Augé, M. 1998, pág. 85). “…la convivencia es bien de barrio, no tenes problema de pedirle al vecino, te saludas con todos, es muy normal…” (mujer, 19 años – reside al norte) “…acá vos te vestís como se te ocurre, hablas a tu forma, haces lo que queres, a quién le importa? si no te dan de comer!… el porro… se fuma mucho porro y eso esta bueno…” (mujer, 20 años). La fragmentación social es una limitante para la viabilidad del desarrollo sustentable y la calidad de vida de las personas. El reto es pensar cómo fomentar la reconstrucción o neo construcción del tejido social… a través de potenciar el ser y estar en la zona? es desde la noción de vecindad local? es desde los proyectos comunitarios ? es desde la historización? es desde la tecnología? es desde los recursos naturales? desde la educación? desde los medios de comunicación? desde el deber ser… o tal vez, desde el ser! uno y múltiple! Augé plantea que la libertad individual puede tener un “no lugar” y lo define como: “Un espacio en el que ni la identidad, ni la relación ni la historia estén simbolizadas se definirá como un no lugar, sólo que esta definición puede también aplicarse a un espacio empírico preciso o a la representación que tienen de ese espacio los que se encuentran en él. Lo que para algunos es un lugar, puede ser un no lugar para otros y viceversa.” (Augé, M. 1998, pág. 139) Estos “no lugares” provocan malestar individual y colectivo, resintiendo el vinculo. En términos generales, la cotidianidad en la Ciudad de la Costa, transcurre en muchos aspectos de forma similar a lo que sucedía en los apacibles días de allá y entonces. Aunque la dinámica actual sobrepasa los discursos y quedan restos no dichos, no considerados, no visibilizados…. hoy se dan fuertes procesos de desplazamiento social y los habitantes están atravesados por múltiples pertenencias que diseñan una suerte de “colcha de retazos” que hay que re – armar para que su potencial colorido devenga construcción cultural, única y diferente del resto del Departamento de Canelones y de Montevideo, en la que la desconfianza y el temor tome otros destinos. En esto andamos… en construcción! “La condesa…. Cuando recién llegue y trabajaba como médico, un día me vinieron a buscar… no había teléfono… para que atendiera a un enfermo en una casa que queda cerca de la mía…. cuando llego me atiende una señora mayor muyyyy elegante y vestía de largo….. me dijo “…es mi esposo el que está enfermo…” cuando entro al salón había un joven recostado en un diván frente a la estufa… era su esposo y ella empezó a contarme que era una condesa con título y todo…. después siempre la veía pasear a su perro ovejero alemán, llamado Apolo… ella lo paseaba de vestido largo y parecía una dama de las películas…” (hombre, 75 años) BIBLIOGRAFIA • Caetano, G. (1995) “Historicidad y temporalidad. Apuntes para una nueva relación con el tiempo.” En: Lo arcaico, temporalización e historización. IX Jornadas Psicoanalíticas de APU, 1995 • Gravano, A. (2003) “Antropología de lo barrial.” Buenos aires. España Editores. • Harris, M. (1990) “Antropología Cultural.” España. Alianza Editorial. • Hobsbawm, E. (1995) “Historia del Siglo XX. España. Editoril Grijalbo. • Wiensenfield, E. (1996) “El significado del barrio. Un estudio Psicosocial.” En: revista Avespo – Publicación en Revista de la Asociación venezolana de Psicología Social. Caracas |






